Lo primero que vamos a hacer, es lavar nuestras manos muy bien para evitar adicionar grasa a las láminas de cobre. Opcionalmente, podemos utilizar unos guantes de látex desechables del tipo quirúrgico para manipular las placas.
Procedemos a cortar una placa de cobre a partir de la lámina original, de un tamaño tal que pueda ser calentada por completo por la hornilla eléctrica (aproximadamente 10×10 cm), la lavamos bien para evitar que queden rastros de grasa en ella y la secamos con un paño limpio. Colocamos la placa de cobre recién cortada sobre la hornilla eléctrica, la encendemos y dejamos calentar por una media hora, aproximadamente.
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